Carlos Mántica Abaunza. Chale: "Un lujo de Dios"

Vitoria-Gasteiz, España -  - Por Fernando Aldea

Conozco a Chale desde el año 1975. Treinta y cinco años que han contemplado muchos encuentros, muchos diálogos, muchos e-mails, muchas confidencias, muchas consultas, muchas experiencias. No debería tener problema para escribir un artículo sobre él y, sin embargo, lo tengo, porque ¿cómo no olvidarme nada de este hombre tan polifacético?

 

Pensando en los posibles lectores de estas líneas, intencionadamente, voy a renunciar a determinadas facetas de su riquísima personalidad, aunque no me resisto a citarlas: Miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua; Asesor Nacional del Movimiento de cursillos de Cristiandad; Exitoso empresario en el nada fácil mundo de los negocios en Nicaragua; Asesor personal, en temas religiosos y civiles, de personajes de primera línea en Nicaragua; poeta; músico; escritor. Es obvio, que la Historia de Nicaragua, si quiere ser justa, veraz y completa, desde cualquier ángulo que se la mire, deberá hacer mención de D. Carlos Mántica Abaunza.

 

Tras este breve recorrido, que seguro está incompleto, me centro en determinados perfiles de su personalidad, que a mí entender, hacen singular y especial a Chale por encima de los criterios de valoración del mundanal ruido y, que en definitiva, son los que le garantizan una muy vieja aspiración del hombre: ser eterno.

 

HOMBRE DE DIOS:

 

Así, como suena. Desde el año 1965, cuando conoce personalmente a Cristo y lo reconoce y asume como su Señor, la vida de Chale da un giro total. Sigue siendo él, pero con Él, como el mayor valor de su vida. Los Cursillos de Cristiandad, la Renovación Carismática y la Espada del Espíritu, han sido los grandes beneficiarios de este hombre apasionado por Dios. Sus libros, conferencias, retiros, reflexiones, han sembrado el mundo de lo que para Chale es lo más vital: la experiencia personal con Dios, su papá, su amigo íntimo, su confidente personal, pero también su Señor, el Omnipotente, el Creador, el Hacedor, su Dios. Por ello mezcla asombro y admiración ante su grandeza de Señor y sus lágrimas imparables de un hijo que se acurruca en los brazos de su Padre. ¡ Cuánto me impactan las lágrimas de Chale cuando habla de su padre Dios y de su Señor Jesucristo y del Espíritu que todo lo envuelve! Son lágrimas que gritan experiencia personal, contacto íntimo, gozo de saberse perdonado y amado, gozo de poder perdonar, es decir, son lágrimas de Vida. ¡Qué ejemplar es su docilidad al Espíritu que se traduce en una profunda reflexión, o en una humildísima oración en lenguas, o en la exposición de una palabra de conocimiento arriesgada, o en un sentir profético incómodo!. Esto es lo básico en Chale, es decir, lo fundamental, la “conditio sine qua nom”, que dirían los latinos; el timón de su nada fácil vida; la estrella que le ha guiado en sus muchas “noches del alma”; la razón de su paz interior y exterior, en medio de fuertes marejadas personales, familiares, profesionales, políticas, sociales y religiosas. El apóstol Juan siempre hablaba a sus discípulos del Amor de Dios, Chale, a sus discípulos, que los tiene y muchos, siempre les habla de Cristo, de su Padre y de su Espíritu. La diferencia entre los dos, es el escenario. No conozco a fondo el de S. Juan, el de Chale: un rollo de cursillos, una enseñanza en la comunidad, en una guitarreada con los amigos, en conversación pastoral personal, en un solemne discurso en lugares en los que debe ponerse hasta pajarita porque la simple corbata no es protocolaria, con un cigarrillo en los labios (bueno para ser más exacto, con medio) y con un vaso del agua nica, entiéndase, un buen ron de al menos doce años. ¡Este es Chale, este es el hombre de Dios! Normal y extraordinario.

 

HERMANO Y AMIGO:

 

¡Qué claridad de conceptos hay en Chale al respecto! El busca la conjunción perfecta: el hermano-amigo o el amigo-hermano. Dice la Palabra de Dios que un buen amigo es un tesoro. Si yo tuviera que escribir un tratado sobre la auténtica amistad, Chale sería mi referencia prioritaria tras mi experiencia de treinta y cinco años. Amigo profundo, sin atosigamientos, a tiempo completo, delicado, veraz, directo, ausente y presente, fiel, leal, sin emocionalismo, pero sabiendo reír y llorar cuando toca. Chale es exigente con los amigos porque él se exige mucho a sí mismo en este tema. Me decía un día el P. Victoriano, su gran e íntimo amigo, que en el laboratorio que había descubierto que era Nicaragua, Dios le había regalado el encarnar la teoría de la amistad verdadera en la persona de Chale.

 

Si así es en la amistad, ¡qué no va a ser en la hermandad! El concepto y la vivencia de la alianza comunitaria que con tanta claridad expone Chale, es la consecuencia de su vivencia personal de la alianza que El ha aprendido y aprehendido de Cristo. ¿Exageración? En absoluto. Probablemente una de las preocupaciones comunitarias de Chale en su Ciudad de Dios y en la propia EDE, sea la posibilidad real de la desvirtualización de esta realidad, que para él es básica, fundamental, ineludible. La alianza inquebrantable de tres hombres, Enrique, Bayardo y él mismo, es el cimiento estable de la comunidad Ciudad de Dios. ¿Alianza por gusto, similitudes, caracteres? En absoluto; alianza por vocación y respuesta al llamante. ¿Sobre qué concepto se rehace la EDE, tras la grave crisis de los noventa? Sobre el concepto de alianza que Dios tiene con cada uno de los miembros y éstos entre sí, más allá de lo local. Chale ha sido portavoz profundo de este tema por ello su gran autoridad entre los hermanos que ven en él la plasmación de uno de los sueños de Dios en estos tiempos: una comunidad, fundamentalmente seglar, viviendo el amor inquebrantable de la alianza como nos lo enseñó el Señor.

 

CHALE - CIUDAD DE DIOS Y LA ESPADA DEL ESPIRITU:

 

En mi patria, España, está de moda el tema de la “memoria histórica”, que a la postre se está convirtiendo en una nueva confrontación y en una manipulación de la mismísima historia, porque ésta se cuenta en su totalidad, con sus luces y sombras, o estamos ante el fenómenos de la manipulación y la mentira y una gran mentira y manipulación es el olvido intencionado. A Dios gracias esto no pasa en la memoria histórica de mi otra patria: la EDE pero sí podemos caer, sin mala voluntad, en ciertos olvidos imperdonables por lo que tienen de privación a las nuevas generaciones de la historia de nuestros orígenes, que tan claramente expresan la decidida voluntad de Dios sobre este pueblo y el descaro de su amor. Mis hermanos de Ciudad de Dios saben de sus cimientos: un propósito claro del Señor revelado a través de la alianza de tres hermanos. Entre ellos, Chale Mántica. El resto de su historia es la búsqueda, sin temor, desafiante y, a veces, en el límite, de su voluntad. De ahí le viene a Ciudad de Dios su riqueza carismática y su fuerte impacto en el conjunto de la EDE.

 

Pero todos debemos recordar el papel que Dios asignó a Chale en los momentos difíciles que pasamos allá por los noventa. Cogió el timón de un barco a la deriva, con la actitud del salmista que se siente “consumido por el celo por la casa de Dios”, no dudó en tomar decisiones serias, desde sus convicciones profundas, que hicieron arribar el barco a puerto seguro. A él se debe el inicio de la Región Iberoamericana, cuya unidad y fortaleza, ha sido una bendición para la EDE. De su mente surgió el retiro de visión y misión, que tanto ha servido para marcar el norte en la perfecta definición de la identidad de nuestras comunidades. De su visión surgió también el documento denominado “macroesquema”, pieza clave en la formación de nuestras comunidades. ¿Quién no se ha ilustrado en sus documentos-reflexiones a cerca de la alianza, el núcleo común y lo que nos ha venido diciendo el Señor, documentos que vienen a ser como mojones que marcan el camino seguro? La privilegiada mente de Chale ha sido un seguro de vida en nuestro caminar comunitario. La historia de la EDE no se podría entender sin él. ¡Gracias, Chale!

 

Ojala esta breve reflexión sobre Chale sirva para seguir intercediendo al Señor por él y, sobretodo, para seguir dando gracias a Dios por el amor mostrado a la EDE a través de su llamado a hombres como Chale, que seguro que cuando lea estas líneas, dirá: ¡Tengo todo por basura tras haber conocido a Jesucristo!