David Pereyra: Discípulo de Jesucristo

Vitoria-Gasteiz, España - 28 de octubre del 2016 -  Por Fernando Aldea

"Casi por cortesía y sin ninguna esperanza, asistí al Cursillo N° 49 celebrado en la Gruta de Xavier, en Managua, del 19 al 22 de mayo de 1983. Gracias a Dios, allí tuve mi primer encuentro con Cristo y un inicio de conversión; muy pequeño, pero un inicio al fin. Él me dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", justo cuando estaba totalmente perdido y casi muerto en mi interior.

 

Ese mismo año, del 15 al 18 de diciembre de 1983, asistí a un Retiro de Convivencia Cristiana impartido por La Ciudad de Dios en un centro llamado "La Aurora", en Managua, curiosamente la casa de retiros de los Hermanos Cristianos de La Salle, los religiosos que me iniciaron en la fe en mi niñez. Allí tuve la experiencia del Bautismo en el Espíritu y por primera vez en mi vida pude experimentar la Paz de Cristo, y con ella el sosiego a mi alma atormentada. Fue como ponerle la tapa al frasco, y fue cuando decidí firmemente seguir a Cristo y me integré de lleno a La Ciudad de Dios.

 

Y yo no sabía que, a pesar de ser la misma persona, existía una abismal diferencia entre Jesús el Salvador a quien acababa de conocer y Jesús el Señor a quien no conocía yo acababa de llamarlo "Señor"...

Yo no sabía que al ofrecer seguirlo como mi Señor, a partir de entonces iba a implicar el renunciar a mis planes de ser un ingeniero de éxito y renombre, para convertirme en lo que yo mismo calificaba antes como "uno más del montón". No sabía que tendría que abandonar mi proyecto de retirarme "joven", con una jugosa cuenta en dólares en un banco extranjero. No sabía que no dispondría del tiempo que siempre quise para divertirme y descansar. No sabía que, por sometimiento a Él, iba a tener que someterme a la autoridad de otros hombres que en ese entonces, desde la torre de mi orgullo, calificaba como menos capaces que yo. No sabía que tendría que ser considerado como un "pendejo" --perdonen la palabra-- por el mismo abogado que defendió a mi hija, porque al ganar el juicio que la dejó en libertad renuncié a mi legítimo derecho de contra demandar al hombre que la había destruido física, moral y espiritualmente”.

 

Tampoco sabía que tendría que aceptar la partida prematura de mi esposa Gloria; aceptar mi soledad, cuando por 30 largos años soñé con envejecer apaciblemente a su lado. Mi mujer se fue hace 16 años, y he aceptado su partida porque "Jesús es mi Señor" y esa fue SU voluntad. Pero mi voluntad era --y sigue siendo-- otra distinta. Mi corazón y toda mi carne siguen deseando tenerla a mi lado. Dios sabe que no hay día del mundo en que no piense en ella, y la añoro y la extraño. Pero ni le reclamé cuando se la llevó ni le reclamo ahora, porque, díganme ustedes, ¿cómo puede un esclavo reclamarle a su Señor?"

 

 

Estas líneas son una parte del testimonio personal de D. David Pereyra Díaz. Lo he escuchado tres veces y en las tres, mis ojos se nublaron y unas gozosas lágrimas afloraron en ellos. No tengo esta reacción normalmente en situaciones parecidas. ¿Cuál es la diferencia? A mis ya casi setenta años, la vida me ha enseñado unas cuantas cosas como por ejemplo, la enorme sabiduría práctica que contiene nuestro famoso refranero, como cunando dice: “las palabras, se las lleva el viento” o aquél otro, “el papel, lo aguanta todo”.

 

Conozco a D. David desde hace, tan sólo, cuarenta años. Desde el primer momento me llamaron la atención varias cosas: su inteligencia, su meticulosidad, su lenguaje claro y directo y su palabra comprometida. Estoy hablando de la primera impresión, allá por los 85 en Costa Rica. La vida siguió y ésta me llevó a una mayor interrelación personal con D. David en temas de responsabilidades en la Región Iberoamericana y en la EDE en general: Consejos Regionales y Asambleas Internacionales. Mi primera impresión se reafirmaba. Las opiniones de D. David tenían su peso porque su argumentación tenía mucho fondo. Y la vida siguió…y supe del fallecimiento de su esposa, de su lucha familiar, de su seguir para adelante en todo, de su mayor entrega al Señor, de no volver jamás la vista atrás, de no salir de su boca una queja, que humanamente hubiera sido muy justa y muy razonada y razonable. ¿Cómo iba a quejarse ante su Señor? ¿Qué siervo hace esto? Él, por supuesto, no. Y la vida seguía y la relación se hizo más intensa con trabajos bajo su guía y con responsabilidades muy directas sobre mi propia comunidad El Señorío de Jesús:

 

Esta última fase se extiende por los últimos diez años. Probablemente, son los años que más me han marcado en mi relación con D. David y los que más me han permitido ahondar en su persona y los que me autorizan a poder decir afirmaciones como las siguientes:

 

  • ¡Qué suerte han tenido, hemos tenido, los que hemos estado bajo su cuidado pastoral! Su sabiduría pastoral, su valentía en situaciones conflictivas, su sensibilidad ante la Palabra de Dios para hacer de ella la razón de toda su argumentación, la constancia en su trabajo, su inquebrantable lealtad al hermano y su enorme y cuidada capacidad de trabajo han hecho posibles ciertas realidades que, por la Gracia de Dios y el trabajo de su siervo llegaron a buen fin, que sin su liderazgo creo, honestamente, no se hubieran dado.

  • Algún ejemplo: la belleza de nuestra zona sur, hablando de la RIA; el relevo generacional del tremendo liderazgo en su Comunidad La Ciudad de Dios, donde suceder a D. Chale y a D. Bayardo, en su momento, no era un reto al alcance de cualquiera; la huella dejada en la identidad del Equipo de Construcción de Comunidades de la RIA; su mediación en situaciones difíciles como la de la Comunidad en Mexicali; la profunda reelaboración del Macro_ Esquema de Construcción de Comunidades y, en la confianza de que nadie se me moleste, su lucha por varios años para que la RIA fuera realmente la respuesta adecuada a la Voluntad del Señor, cuando ésta era objeto de confusión en los foros de discusión, siempre con buena voluntad pero sin la paz que siempre aporta el caminar por las sendas de la voluntad del Señor.  

  • Su aportación en lo que me gusta llamar “la joya de la corona en la EDE: el pastoreo”. Sus aportaciones sobre el pastoreo formativo, la supervisión y la clarificación en referencia a lo que queremos expresar con la expresión “formación del liderazgo” aportando el término de “capacitación”, según su explicación que tanta claridad ha aportado.

 

Podía seguir aportando más ejemplos. Lo dejo, en este escrito abierto, para que plumas mucho mejores que la mía, vayan añadiendo su propia experiencia personal.

 

Quiero finalizar con algo más personal: David, mi hermano, ya no D. David. Lo que quiero proclamar a los cuatro vientos es lo siguiente: La Ciudad de Dios me ha enseñado muchísimas cosas. Algunas de ellas están como grabadas a fuego en mi vida, de manera que sin ellas yo no sería yo, por ejemplo: En la vida hay que tener “convicciones profundas, decisiones firmes y relaciones sólidas”. Sin ello, no hay posibilidad de vida comunitaria. Tú, mi hermano, eres una referencia clara en el tema. Cuando yo he tenido que explicar el fondo de estas afirmaciones, las personalizo, las referencio a personas y tu nombre está en ese elenco, no muy numeroso, que Dios me ha regalado en mi vida comunitaria.

 

Sigo. Los amigos los elegimos nosotros, los hermanos nos los das el Señor. ¡Qué frase tan bonita ¡La vida nos dice, que en nuestro contexto comunitario, estamos más a gusto y pendientes de la amistad que de la fraternidad. Tú me has enseñado que está muy bien la realidad de la amistad pero que ésta jamás debe desvirtuar la hermandad. He sido testigo de cómo tú vives esta verdad. Hace falta una madurez espiritual muy sazonada para vivir esto en paz y de manera ordinaria y tan sencilla como tú lo haces. Te pido, hermano, sigas enseñándome y enseñando esta realidad.

 

Me enamora tu forma de trabajar que busca el detalle, la perfección… porque el Señor y el hermano se lo merecen. Me encanta tu sana obsesión para que la última redacción del documento que vas a presentar, tras una media de seis o siete revisiones, responda realmente a lo que el Señor te ha pedido transmitas porque en ello está en juego no tu sabiduría sino la voluntad del Señor. Tengo la certeza, y quiero transmitirla así de claro para bien de quien quiera aprovecharla, que estar bajo tu responsabilidad, es garantía de éxito, fundamentalmente por tu sensibilidad para llegar al discernimiento de lo que  realmente quiere el Señor. Obviamente es la sensibilidad del discípulo.

 

David, hermano, éstas son unas sencillas líneas de agradecimiento a la obra que el Señor ha hecho en tu vida y a la obra que tú has hecho en la mía. Nuestra edad nos lleva a la finalización de nuestro trabajo en equipo. Es la ley de la vida. Lo que la edad no podrá jamás arrebatarnos es el amor que el Señor ha puesto en nuestros corazones y que se expresa en hermandad y profunda amistad. Como se dice en mi amada comunidad: “Tú eres mi hermano y te quiero mucho”. Dios nos conceda la gracia de poderlo seguir celebrándolo por muchos años y ojalá medie siempre un buen trago del mejor Vodka porque sabemos que esto le gusta al Señor, que a fin de cuentas, el primer milagro que hizo fue convertir un agua, pura, incolora e insípida, en el mejor Rioja alavés.