Cena Pro-Colesterol: ¿Realidad o Ficción?

Por Fernando Aldea

                 Como muy bien dice mi buen hermano Ireneo: ”El Señorío de Jesús es un pueblo lleno de vida”. Una de las expresiones de “esta vida” recibe el pomposo nombre de “Cena Pro-colesterol”. Vayamos con los ingredientes para dar fe del nombre: Torreznos bien frititos en aceite de oliva, panceta, txitxiquis, huevos fritos submarinos (sumergidos en aceite de oliva a gusto del consumidor), ensalada sanísima, postre generoso (flan, helado y melocotón en almíbar), café, copa (de una dosis o de dos)  y puro. Todo esto cae entre pecho y espalda, cada tres o cuatro meses, en los componentes de dos grupos pastorales, que para tal evento, son uno sólo y que así traducimos lo de “grupos informales”. Para que no se escandalice nadie, contamos con autorización médica.

 

                   Pero ¿ eso sólo es la cena pro-colesterol). En absoluto. Esa es la materia prima gastronómica. Pero hay otra materia prima, no comestible, pero sí tangible, que, a mi entender, es lo que califica de singular a este encuentro. Me explico: El cariño de Juven friendo los huevos; la inagotable sonrisa de Jesusón friendo los torreznos y cocinando los txitxiquis; el puntillismo de Fefe para que no falte nada ( él se encarga de las compras con precisión matemática y garantizando la calidad); el lío que organiza Ireneo con los porrones de cerveza y gaseosa, digo lío porque a veces echa primero la cerveza y luego la gaseosa y otras veces lo hace al revés con lo que la mezcla unas veces sale suave y otras espumante hasta el desborde; la colaboración de todos para preparar la ensalada, cortar el pan y llevar todo a la mesa etc. etc….

 

                Pero hay más: Todos ocupamos siempre los mismos sitios. Los de las “dosis dobles” ya están bien personalizados. Se prohíben (mejor dicho: se van a prohibir los móviles). La bendición debe ser profunda, pero concisa, porque si no te acusan de que has montado una asamblea. Los chistes inocentes de Fefe y de algún otro. La ceremonia del momento del pago: Sin maquinitas de sumar…, a capella, sin error, con papelitos por aquí y sobres por allá, que si esto es para mí y esto para la sociedad. Sin un solo error. Al final siempre lo mismo: Entre siete u ocho euros. Parecemos de la cofradía de los miserables, pero en absoluto, simplemente buena administración: el hermano que nos permite hacer esta cena en su sociedad gastronómica, sin coste alguno, y el beneficio que no es financiero, sino de amor fraterno.

 

            Acabo: Es como una experiencia espiritual. La densidad de amor fraterno es muy alta y ése es el ingrediente más importante de nuestra cena. No nos juntamos para cenar, nos juntamos porque nos amamos y, de paso, cenamos. Amable lector: Si alguna vez tienes el privilegio de participar en esta cena pro-colesterol, Luis fue el último en tener este honor, aporta tu buena dosis de amor y respeto, lo demás te lo vas a encontrar y no olvides: lleva cambios (el billete máximo debe ser de 10 euros porque si no el contable, es decir, Fefe, te chorrea); sé muy puntual (te puedes perder lo de los torreznos y los líos de Ireneo con la gaseosa y la cerveza); no vengas con prisas (la alegría y la comida necesitan su tiempo) y rellena la instancia de asistencia( las cumplimenta Jesusón y no debe faltar dato alguno porque  sería rechazada ya que nos gusta la seriedad y la formalidad en todo.  Un abrazo y buen provecho. 

 

                 La siguiente esté calendarizada para Octubre. 

 

                 ¿Ustedes gustan?

                 

                 Y suerte: porque la van a necesitar si quieres ser uno de los invitados...