Campamento Renovación Carismática 2014

Madrid, España - julio del 2014 -  Por Ruth T.

A finales del pasado Julio tuve la suerte de poder asistir al campamento de la renovación carismática, antes conocido como el CNA ahora cambió su nombre debido a que no era solo de adolescentes sino que también participaban jóvenes. Al principio yo no iba a ir como responsable pero las circunstancias cambiaron y allí fui. Desde el primer momento vi la gran obra que Dios estaba haciendo en esos días, pero vi también todo el hambre que tienen todas las personas de amor.

 

En lo personal pensaba que iba a ser unos días de servicio con los adolescentes, llevando grupos con chicas, orando por otras personas y lo que me sorprendió fue que no era una casualidad que yo hubiese ido ahí. El Señor me estaba esperando.

 

Cada día cuando orábamos delante del santísimo sentía a Dios de una manera especial, era una presencia que me llenaba de su paz y que me daba su gracia. El tema central del campamento era ser centinelas y ser luz para los demás. Me planteó una gran pregunta, ¿cuánta luz llevaba yo a las demás personas de mi alrededor?

 

Hubo también un día de evangelización por las calles del pueblo y es cierto que a mí me cuesta demasiado, me da mucha vergüenza, pero ahí salimos todos y creo que fue una experiencia para crecer en fe.

 

Si tuviese que quedarme con un día me quedaría con uno de los últimos días. Hubo una oración llevaba por el predicador chino-dominicano Yuan Fuen Liao en la que decía en qué tipo de personas encontrarías el rostro de Cristo, si seríamos capaces de encontrarlo y verlo también en aquellas personas no tan agradables para nosotros. A continuación hubo una oración de envío, en la que le dejábamos al Señor hacer grandes obras en nuestra vida, en la que dejábamos que Él nos enviara donde fuese. Sentí una gracia especial para este tiempo de la Brecha que se estaba acercando, la seguridad de que Dios me enviaba a Costa Rica. El último día un sacerdote se acercó donde mí para orar por mí y fue algo increíble cuando sentí al Señor con esa seguridad de que era Él quien me enviaba, Él mismo era quien estaba intercediendo por mí en esa oración.

 

Servir con los adolescentes en esos días también fue una enorme bendición porque el Señor los atrae hacia Él con mucha fuerza. El campamento me dio un enorme impulso que necesitaba