Fernando y Loli: Pilares de la EDE

Vitoria-Gasteiz, España - 3 de febrero del 2009 - Por John Keating

Fernando Aldea y Loli Medina: ¿cómo puedo describirlos, sin llenar todo un volumen en el intento?

 

En pocas palabras, pues: Dos personas majísimas y lindísimas, profundamente enamoradas de Dios, y la una de la otra. Discípulos de Jesucristo verdaderamente radicales, que han entregado sus vidas a Dios para su mayor gloria, y para el avance de su Reino.

 

Dos hermanos entrañables que aman a su gente como Cristo los ha amado.

 

Quizás para la gente que no los conoce muy bien, nuestros dos hermanos queridos se destacan principalmente por sus obvios dones de liderazgo, su fuerza, su empuje, y su celo para el proyecto comunitario. Todo esto es cierto, e impresionante. Pero son cualidades mucho más públicas en las vidas de estos dos pilares de la Espada del Espíritu, y en estas pocas líneas que tengo, prefiero enfocarme en lo más profundo de sus corazones: en su gran amor por Dios y por sus hermanos y prójimos.

 

He visto muy de cerca ese amor a Dios que siempre los caracteriza. En su vida de oración diaria, en su amor por la eucaristía, en su constante búsqueda de la voluntad del Señor, en su ardor para el reino de Dios, se manifiestan día tras día que Jesús es el Señor de sus corazones, y el primer amor de sus vidas.

 

 

El pasar tiempo en compañía de Fernando y Loli siempre me inspira a amar todavía más a mi Señor, a entregarle todavía más mi corazón.

 

También, me he quedado continuamente impresionado con el amor que muestran mis hermanos para con los demás – un amor que se expresa en su generosidad, su lealtad personal, su fidelidad inquebrantable a sus compromisos con los demás, su espíritu de servicio. He tenido la bendición de presenciar lindas muestras de este amor fraterno, de este entrega al servicio de los demás sin contar el costo, muchas veces de una manera silenciosa, desaperciba.

 

Esta vida de amor que han llevado Fernando y Loli a lo largo de muchos años, como individuos y como pareja, ha dado frutos abundantes y suculentos para el Reino – en la vidas de sus tres hijos extraordinarios, en la vida de una comunidad dinámica a la cual ellos han contribuido enormemente, y en las vidas de un número incontable de personas que han sido tocadas por el amor de Dios a través de ellos.

 

Para mí peronalmente, Fernando y Loli son hermanos del alma y buenísimos amigos. Nuestra relación de hermandad y amistad ha sido, y sigue siendo, una delicia, una bendición, una inspiración, y un consuelo en mi vida. Durante esos años inolvidables de trabajar muy de cerca en la formación de la comunidad El Señorío de Jesús, Fernando y Loli me recibían en su casa muchas veces por varias semanas a la vez, me servían incansablemente con una hospitalidad exquisita, y compartían conmigo generosamente lo que tenían. Mucho más, abrieron sus corazones profundamente, y me hicieron un miembro más de su majísima familia.

 

Fernando y Loli, ¡os quiero mucho! ¡Vosotros sois un regalo de Dios a todos nosotros, y le damos infinitas gracias a El por vuestras vidas!