Misión

La  misión de El Señorío de Jesús es “la formación de un pueblo-baluarte de discípulos radicales”. Esto implica:

 

  • Cumplir la voluntad de Dios: desde la conversión personal a Dios por Cristo y en el Espíritu Santo. Dios se constituye en el centro de nuestra vida, nuestra opción preferencial, nuestra referencia prioritaria. Al igual que su Hijo, Cristo El Señor, aquí estamos para cumplir su voluntad.

  • Constituirse en una nueva sociedad: nuestros criterios y nuestros valores están referenciados a la Palabra de Dios y al magisterio de la Iglesia. Ello configura una cultura nueva, un nuevo estilo de vida. Nuestra misión nos lleva a ser luz, sal y fermento.

  • Trabajar por la extensión del Reino de Dios en la tierra: la evangelización.

 

Hacer frente a la ola universal del mal en el mundo: en medio de una sociedad que busca el silencio sobre Dios, seguiremos siendo la voz que clama en el desierto anunciando la presencia del Reino de Dios entre nosotros.

Visión

El ideal central de la comunidad El Señorío de Jesús es “ser un pueblo en misión”. Cinco expresiones describen este ideal.

 

  • Ser pueblo: somos una agrupación de personas, muy plurales en todos los órdenes pero unidos por una misma cultura, que determina nuestro estilo de vida. Nuestras relaciones son de lealtad, de afecto, de encuentros de mutua acogida, de reconciliación, de servicio, de entrega; en fin todo lo que deriva del amor de alianza.

  • El amor a Dios: fruto de una conversión personal a Dios que nos impulsa a querer conocerlo más y más, y vivir continuamente en su presencia a través de la oración personal y comunitaria; la alabanza y adoración; la lectura y meditación de su palabra; de dejarnos transformar a imagen suya.

  • Celo por Su Reino: esto significa identificarnos por completo con la causa de Dios, con todo lo que haga avanzar su reinado y entregarnos de lleno a la misión que nos ha encomendado: la extensión de Su Reino.

  • Discípulos de Jesús: queremos vivir realmente como discípulos de Cristo. Esto implica: someternos de lleno al señorío de Cristo en nuestra vida personal, familiar y comunitaria; relacionarnos con el diariamente y de forma personal; entregarnos a El para que vaya transformando nuestros criterios, nuestro modo de pensar, nuestras actitudes y nuestra conducta.

  • Ser siervos: no es algo que hacemos sino que somos. Es un elemento de nuestro carácter de discípulos de Cristo. Esto implica humildad y desde esta actitud servimos, primeramente, a Dios y luego a los hermanos.