Nuestra espiritualidad

Estos son los rasgos característicos de nuestra espiritualidad:

  • Centrada en Dios y en una relación personal con El: Cristo se convierte en el Señor de nuestras vidas.

  • Carismática: estamos abiertos a la manifestación de sus carismas y a su guía específica. Ello se ve muy reflejado en nuestro culto, caracterizado por una alabanza gozosa, sentido respetuoso de la adoración, la certeza de su presencia, el anhelo por la escucha de su palabra y la copiosa manifestación de sus dones.

  • Ecuménica: basada en la practicidad de la aceptación de la realidad cristiana del otro, convencidos de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, fundamentalmente nuestro amor y pasión por Cristo. Permaneciendo fiel cada uno a la iglesia a la que pertenece, en nuestro caso la católica, pero reconociendo también lo bueno y sano que hay en otras confesiones religiosas. 

  • Laica: aunque en nuestras comunidades hay sacerdotes, reconocemos, valoramos y asumimos el que en nuestra comunidad la mayoría de sus miembros son seglares.

  • Evangelizadora: es un elemento inherente a nuestro carácter. Nuestra presencia debe ser anunciadora de la buena noticia.

  • Renovadora: insertados en el Pueblo de Dios, formando parte del mismo, debemos contribuir a la renovación permanente de la iglesia como una acción específica del espíritu santo.

  • Bíblica y ortodoxa: nuestra espiritualidad debe estar basada en la fidelidad a la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura ocupa un puesto central en nuestras vidas pues la entendemos como la revelación personal, actual y eficaz del Dios vivo a su pueblo.

  • Mariológica: si estamos centrados en el Padre, el Hijo y el Espíritu, ¿cómo no sentir la necesidad de la Madre de Dios? Ella tiene su sitio en la vida comunitaria, muy singular en determinados momentos, formando parte de nuestro ser como pueblo