Discurso en el día de Compromisos de por Vida Comunitarios

Vitoria-Gasteiz, España - 22 de junio del 2014 -  Por Miguel Angel Morgado

Buenos día hermanos y hermanas, un año más nos vemos en la celebración de nuestro aniversario de nuestra Comunidad. Es nuestro cumpleaños. El aniversario de nuestros primeros Compromisos Completos. Ya han pasado 22 años. Para unos cuantos de los que estáis aquí hoy, este acontecimiento no lo vivisteis. Otros, lo recordamos con nitidez. Y la idea es que todos vivamos este acontecimiento con cariño e identidad. Un grupo de hermanos y hermanas respondiendo al llamado del Señor a entregar sus vidas por completo en esta querida Comunidad del “Señorío de Jesús”.

 

Este año, va a haber tres hermanos que van a dar este mismo paso. Por diferentes motivos, no lo pueden hacer hoy, que sería lo lógico. Lo van a realizar el día 4 de Julio si Dios quiere. Estos hermanos son Elías, Dory, y Gerardo.

 

Como ese día no va a haber mucho tiempo, voy a aprovechar hoy a dar las gracias a Dios por la respuesta que estos tres hermanos van a dar al Señor.

 

Tenemos a Elías, un joven soltero, que decide entregar su vida al Señor en esta Comunidad, después de toda una vida vivida en este Pueblo. Ahora le toca a él decir sí al Señor, y aunque hay áreas de su vida aun sin decidir, se está fiando de Dios y dará su paso en fé. ¡Gracias Señor por Elías y su respuesta!

 

Por otro lado están Gerardo y Dory. También llevan toda una vida en Comunidad. Entraron a ella solteros, y se casaron en Comunidad. Aquí se conocieron, y aquí han decidido seguir juntos hasta el fin de sus días. Después de un largo proceso, toman ahora la decisión de dar el paso. Y tengo que deciros a todos, que es un paso meditado responsablemente. Por ellos también quiero dar gracias a Dios. Es un lujo, que esta Comunidad tenga miembros de esta categoría. ¡Gloria a Dios por los tres!

 

Pero esto ocurrirá dentro de dos semanas. Ahora quería hacer un breve balance de lo que ha sido este curso comunitario que estamos acabando. Comenzábamos allá por el mes de septiembre bajo el lema de “Renuévame Señor con tu Espíritu”. Hermanos y hermanas, creo que hemos trabajado bien en este año. Y lo creo honestamente en el Señor. Es seguro que siempre se puede hacer más, pero opino, y me consta, que nadie ha estado indiferente a esta pauta que Dios nos marcó, y me alegra decir que: No estamos donde estábamos. El Señor nos ha renovado, y estamos dando más Gloria a Él con nuestras vidas que cuando comenzó el curso.

 

Os decía el viernes que el objetivo no se ha cumplido en su plenitud. Dios quiere seguir renovándonos cada día, hasta que nos encontremos con Él en el Cielo. Pero en este curso hemos sentido una renovación necesaria en nuestras vidas, y estoy seguro que se va a notar ya desde ahora, y en especial en el próximo curso. Basado en esta renovación, el Señor quiere hacer grandes cosas con cada uno de nosotros a nivel personal y comunitario.

 

Quería ahora leer un pequeño cuento “El vestido azul”:

 

En un barrio pobre de una ciudad distante, vivía una niña muy hermosa, que asistía a la escuela local. Su madre no era muy cuidadosa y la niña casi siempre se presentaba sucia. Sus ropas eran muy viejas y maltratadas. El profesor quedó preocupado con la situación de la niña.

 

- “¿Cómo es que una niña tan bonita, puede venir a la escuela tan mal arreglada?”.

 

Separó algún dinero de su salario y, aunque con dificultad, resolvió comprarle un vestido azul nuevo. Ella quedó linda con el vestido azul. Cuando la madre vio a su hija con aquel lindo vestido azul, sintió que era lamentable que su hija, vistiendo aquel traje nuevo, fuera tan sucia para la escuela. Por eso decidió bañarla todos los días, peinar sus cabellos, cortar las uñas… Cuando terminó la semana el padre dijo:

 

“Mujer, ¿no encuentras que es una vergüenza que nuestra hija, siendo tan bonita y bien arreglada, viva en un lugar como este, cayéndose en pedazos? ¿Qué tal si arreglas la casa? En las horas libres, yo voy a dar una pintura en las paredes, reparar el cerco y plantar un jardín.”

 

Luego la casa se destacaba en la pequeña villa por la belleza de las flores que llenaban el jardín, y el cuidado en todos los detalles. Los vecinos quedaron avergonzados por vivir en lugares feos y resolvieron también arreglar sus casas, plantar flores, usar pintura y creatividad. En poco tiempo, todo el barrio estaba transformado. Un hombre, que acompañaba los esfuerzos y las luchas de aquella gente, pensó que ellos bien merecían un auxilio de las autoridades. Fue al alcalde a exponer sus ideas y salió de allá con la autorización para formar una comisión para estudiar los mejoramientos que serían necesarios en el barrio. La calle, de barro, fue sustituida por asfalto y aceras de piedra. Los alcantarillados a cielo abierto fueron canalizados y el barrio ganó aires de ciudadanía.

 

Y todo comenzó con un vestido azul…

 

Hay monedas de amor que valen más que los tesoros bancarios, cuando las damos en el momento oportuno y con bondad. Vosotros acabáis de recibir un lindo “Vestido Azul”

 

Mis queridos hermanos, y hermanas, lo que siento es que cada uno de nosotros somos esa niña con su nuevo vestido azul. Quizá no nos parezca que somos mucho a nivel individual, pero entre todos, poco a poco, y con la Ayuda de Dios, podemos hacer que el Señor renueve esta ciudad. Estemos dispuestos a “ponernos ese vestido azul” con todo lo que ello conlleva.

 

¡GLORIA AL SEÑOR!