Verano en Misión 2014

Vitoria-Gasteiz, España - enero y febrero del 2014 -  Por María Torca

En primer lugar, quería agradecer a Dios que hiciera posible este VEM (Verano en Misión) en la Península Ibérica, ha sido un gran regalo. La comunidad El Señorío de Jesús ha abierto sus puertas, sus hogares y sus corazones.

 

Cuando nos dijeron que venían en Enero mi primera reacción fue de tristeza y agobio porque yo estaba de exámenes y no iba a poder disfrutar de las actividades, sin embargo he podido compartir con ellos mucho más de lo que esperaba.

 

Dios nos envió 10 ángeles, que personalmente me han hecho volver a ilusionarme por la evangelización, han sido como el aire puro que entra en los pulmones y te hace respirar con más fuerza. Yo necesitaba que alguien me agitara y me demostrara que no era imposible hablar de Dios en Vitoria y así lo viví en la actividad de los graffitis. Al principio me daba mucha vergüenza pero como vi que la gente se paraba y nos escuchaba, al final fui capaz de hacer sonreír a esta ciudad llevando el amor a Dios.

 

Los testimonios de cada uno de los vemitas me han hecho agarrarme con más fuerza a Dios. He visto como han sido capaces de superar muchas pruebas para llegar hasta donde ahora están, me he visto reflejada en muchos aspectos de su vida y por ello agradezco a Dios la bendición que es vivir en comunidad cada día. Ha sido un placer poder convivir en hermandad con todos estos jóvenes.

 

En especial, he disfrutado mucho del retiro que tuvimos los jóvenes y adolescentes en Zárate. Sentí que el Espíritu Santo se derramaba como una gran cascada de agua viva en la asamblea de oración, como se iban transformando nuestros corazones por la gracia del Señor. Fue como traer el cielo a la tierra. Después de esto, cada vez que veía sonreír a un hermano era como ver la sonrisa de Dios.

 

También tengo que reconocer que intenté mantenerme un poco distante con los vemitas, porque cada vez que he tenido que despedirme de algún hermano me ha costado mucho y pensé que así sería más fácil. Pero a pesar de todo, han conseguido ganar mi corazón. Cuando hablaba con ellos era como estar hablando con Jesús, se podía palpar la presencia de Dios. Mientras preparaba el video de despedida me di cuenta de que estaba sonriendo, me sentía muy feliz al ver que a través de estos hermanos Dios nos estaba mimando.

 

Estos jóvenes fueron enviados para que ilumináramos Vitoria con el amor de Dios y se ha conseguido incendiar hasta los rincones más alejados. Gracias por vuestro servicio, Ana, Andrea, Carlos, Flor, José Daniel, Luis, María, Sara A., Sara F. y Toño, seguiré orando por vosotros, ¡nos vemos en Costa Rica 2015!